Etapa 19: Roglic se lleva la etapa; Geraint Thomas ya ve París

Geraint Thomas ya tiene el Tour de Francia en su mano. El galés dio un recital en su defensa del liderato y respondió a la perfección los continuos ataques de Roglic, el otro gran triunfador del día. El esloveno lanzó incontables cambios de ritmo para terminar yéndose en el descenso del Aubisque y firmar el triunfo de etapa. El podio de la general sigue como estaba, aunque con el del LottoNL-Jumbo más cerca de la segunda plaza tras desbancar a Froome de la tercera.

No hay consenso. La de hoy fue una etapa digna de enmarcar para algunos, y descafeinada para otros. Sea como fuere, lo cierto es que emoción y movimientos en carrera no faltaron. Desde que en las rampas del primero de los seis puertos de la jornada, la Cote de Loucrup, donde se formó la escapada del día, la etapa no dio tregua. Entre los protagonistas, Alaphilippe, dueño y señor con total merecimiento del maillot de la montaña. Coronado el puerto y también el siguiente, el Capvern-les-Bains, también de 4ª categoría, la carrera se encaminaba hacia el primer gran obstáculo del día, el duro Col d’Aspin, de 1ª. En el grupo de favoritos no había movimientos, era demasiado pronto, mientras que en la fuga, Alaphilippe coronaba delante en un grupo donde también rodaban hombres fuertes como Mikel Nieve, Jungels, Barguil, Yates, Gorka Izagirre, Mollema o Andrey Amador.

 

Completado el descenso, y con una diferencia de más de tres minutos, la cabeza plantaba cara al colosal Tourmalet. El Katusha ponía ritmo porque no tenía a nadie en la escapada y para optar al triunfo con Zakarin. En uno arreón de los rusos nació el primer gran movimiento del día, cuando el ruso se fue para adelante seguido de Mikel Landa. Fue la gran apuesta del ciclista vasco, que puso interés y emoción a una jornada que hasta entonces estaba siendo ciertamente espesa. Bardet se sumaba a la fiesta y entre el español, el francés y el ruso comenzaba un bonito pulso contra el grupo de favoritos, donde el Sky no se ponía nervioso. El hueco iba en aumento gracias, en gran medida, al excelente trabajo de Amador, que se descolgó de la cabeza para tirar de su líder Landa.

 

Nuevo descenso y otra vez para arriba para afrontar la traca final, con un encadenado que comenzó con la subida al Col des Borderes (2ª). Allí, el Sky encontró un poderoso e inesperado aliado: Robert Gesink. El holandés tiró con mucha fuerza de un pelotón que terminó destrozando para recortar la diferencia del grupo de Landa, que por momentos llegó a tener más de tres minutos. El LottoNL-Jumbo veía peligrar el puesto de Roglic en la general y Gesink obedeció cual soldado para acercar a su líder a sus rivales en la tabla y de paso colocarle en la lanzadera para el triunfo de etapa. Reventado el ciclista, Kwiatkowski recuperó el mando para el Sky, lo que sirvió para tener muy controlados a los de delante.

 

Coronado el ascenso, breve descanso y nuevamente para arriba, para afrontar el último gran puerto de este Tour, el temible Aubisque. Allí todos quisieron ser protagonistas. Landa, Bardet, Zakarin y Majka eran ya cabeza de carrera por delante del grupo del líder, donde Kruijswijk animaba el ritmo y Roglic comenzaba su festival de latigazos. Uno de ellos provocó el batacazo de Nairo Quintana, dolorida todavía por la caída de ayer. Incluso Froome pasó graves apuros para seguir el ritmo de un grupo donde perdió contacto pero al que logró reengancharse después de incontables ‘gomas’. La vuelta de Froome y Bernalfacilitó la neutralización a los cuatro de delante, de donde se despegó Majka para buscar la machada. El polaco coronó en solitario, pero pronto fue neutralizado en el descenso debido a la magistral lección de Roglic de cómo se debe afrontar una bajada.

 

El esloveno se tiró a tumba abierta y abrió un importante hueco que ya dejó sentenciada la victoria de etapa en el llano. Un triunfo más que merecido para un ciclista que lo buscó de todas las formas posibles. No así Dumoulin, que apenas lanzó un ataque en el ascenso sin apenas gas. El holandés pareció conformarse con tener segunda su segunda plaza en la general más que luchar por ganar el Tour de Francia. Su máximo rival, Thomas, ni se inmutó. El galés volvió a demostrar un enorme poderío. Salió bien a los ataques y cuando estuvo solo ante el peligro, no tembló y cerró huecos con la sangre fría que debe tener un ganador de la ‘Grande Boucle’. Todavía le sobraron fuerzas para esprintar en Laruns para terminar segundo en la etapa y dejar visto para sentencia esta edición a falta de la crono de Espelette, de 31 kilómetros. El del Sky se defiende muy bien en la crono y nadie o casi nadie confía en que Dumoulin pueda recortarle esos 2’05” que le separan de lo más alto de París.

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