¿Desaparecerá el coche e iremos en bici algún día?

Cuando tras doce vueltas por las rúes habituales he conseguido encontrar un sitio para aparcar el (….) coche, y trás darle unas cuantas patadas en los neumáticos para desindexar un poco mi rabia, mi cólera hacia el urbanismo actual ya no tenía límite.

He venido corriendo al ordenador para redactar un post que revolucione la movilidad urbana, resoplando como un búfalo en un bar de esos de búfalas ligeras de cascos. No puedo entender el número de horas que pasamos en el coche a lo largo del año, pero menos entiendo esas horas que no son empleadas en desplazamientos sino en la búsqueda infructuosa e inútil de un lugar donde dejar el carromato y que abreven las bestias.

Luego se me ha ido pasando, que no está ya uno para subir las escaleras de tres en tres -hasta el primero iba hecho un titan- y tras abrir la puerta y aguardar a que el sistema operativo se dignase arrancar, me he quedado exhausto, se me ha ido la fuerza por la boca  de tanto mover las piernas, que dicen que mueven el corazón, pero a mi me han dejado hecho unos zorros.

He bajado al sótano de los post en conserva y tras apartar esos tan chulos de edificios imposibles, que me encantan pero que procuro no poner aquí, para no aburriros, -y para que compréis los dominicales de los periódicos de postín, que tengo un cuñado que los reparte- he encontrado un par de ellos que venían al pelo.

Está en el ideario futurista el utilizar el espacio aéreo para la movilidad ciudadana.Ya en la mítica Blade Runner, el bueno de Harrison Ford recorría las calles en esos chismes que levitaban sobre el sucio suelo,  dudando entre matar hermosas replicantes o darles un repaso previo. Claro que Ridley Scott pensó, que en Los Angeles de 2019 iban a atar los perros con longaniza y mucho tiene que cambiar el patio para que abandonemos la rueda antes del 2050, aunque solo sea por el gusto que da liarte a patadas con ellas cuando te bajas del coche con un cabreo del quince y tres litros de gasolina menos.

Al lío. Que digo yo que mientras algún visionario consigue que no precisemos neumáticos para movernos, algunos urbanistas sueñan con que circulemos dando pedales por los aires, como por ejemplo el proyecto de Exterior Architecture para que los londinenses le den a las bielas por puentes sobreelevados del suelo y en los que no haya miedo de que los coches los arrollen ni los peatones crucen de manera temeraria,

o el bicimetro del arquitecto Richard Moretta, un sistema de doble túnel sobreelevado en el que los ciclistas circulan por un sentido único (este me gusta menos, se te olvidan las llaves o el donuts y a ver como das la vuelta)

Nota del arquitectador:  La verdad es que estaría genial, no solo por sus ventajas mediambientales, la seguridad de las vías  o por el ejercicio que íbamos a hacer. Ojala que algún día lleguemos a verlo. También tenemos otros ejemplos, en este caso de transporte público, que personalmente me creo mucho menos como éste que realiza una empresa china

Fuente | 20 minutos

 

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